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Cambio Climático

Salvar al planeta no al sistema

Mientras los principales líderes y especialistas del mundo acudían a la cita de la ONU para tratar las consecuencias, en muchos sentidos aterradoras, del cambio climático, miles y miles de manifestantes recorrían las calles de Copenhague bajo las consignas “No a los gases contaminantes, si a la vida” o “No hay planeta “B”.

La reacción de esos manifestantes la mayoría jóvenes provenientes de distintas latitudes, que fueron reprimidos, encarcelados y aún deportados en estos días de la Cumbre, no debe desestimarse. Obedece a la convicción que el planeta esta jugando en tiempo de descuento.

Es que  el cambio climático es ya una realidad inocultable. Los informes científicos dan cuenta que en el Siglo XX la temperatura promedio de la superficie de la tierra aumentó 0,6 grados centígrados, el nivel del mar subió entre diez y veinte centímetros y los glaciares muestran un pronunciado retroceso.

La tierra misma se ha rebelado. Las catástrofes naturales de los últimos tiempos, el Tsunami en la costa asiática; los terremotos en Cachemira o los tornados en el Caribe y en el sur de los EE.UU, las inundaciones en América del sur, han mostrado una capacidad destructiva que registra pocos antecedentes. Constituyen una verdadera insurrección de la naturaleza contra un sistema económico que maximiza ganancias sin considerar sus efectos sobre el hábitat natural y sus necesarios equilibrios.

Calentamiento global

Para los científicos el fenómeno que estamos atravesando es un cambio estructural provocado por un fuerte desequilibrio global del sistema climático. Es que el aumento en la temperatura promedio de la superficie terrestre ha alcanzado niveles sin precedentes y este aumento está fuertemente relacionado con otro: el incremento de carbono en la atmósfera, bajo la forma de gas carbónico y gas metano, cuya importancia en el efecto invernadero está científicamente comprobada.

Es que la exacerbación de la sociedad de consumo y los sistemas productivos actuales hacen que se bombardee la atmósfera con un volumen de gas que casi duplica la capacidad de absorción natural. El excedente se acumula, provocando el aumento del efecto invernadero y por consiguiente de la temperatura. Esta acumulación tiende a aumentar con el calentamiento.

Actividad humana y aceleramiento del cambio

Es el calentamiento del planeta, producto de la actividad humana, la fuerza motriz del cambio climático estructural. Las alteraciones climáticas y su aceleración, especialmente desde la década de los ’90, obedece a  actividades económicas que incrementan las concentraciones atmosféricas de gases de efecto invernadero -deforestaciones; uso de campos para cultivo; drenaje de humedales; uso de fertilizantes especiales a base de nitratos; ciertos procesos industriales. Sin embargo no se trata de estigmatizar  a la “actividad humana” en general, como suelen hacer los informes del GIEEC, sino responsabilizar a las formas que adquirió esta actividad desde la revolución industrial en adelante. Sobre todo la quema de combustibles fósiles y las deforestaciones.

Según el GIEEC, la estabilización del clima a nivel lo menos peligroso posible requiere que las emisiones de gases con efecto invernadero terminen antes de 2015 y disminuyan de 50 a 85% de aquí al año 2050, en relación con el 2000. El grupo diferencia los países imperialistas de los menos desarrollados. Estima que los primeros en virtud de su responsabilidad en el calentamiento global deben reducir sus emisiones de 25 a 40% de aquí al 2020 y de 80 a 95% de aquí al 2050, tomando como referencia base las emisiones de 1990, en tanto que la curva de emisiones de los segundos debe bajar de 15 a 30%.

La Cumbre de la ONU

Cuando la cumbre, que inició el 7 de este mes, fue convocada despertó innumerables expectativas. La discusión previa estaba centrada en reducir las emisiones para no superar un incremento de 2 grados centígrados en la temperatura global, pero un grupo de 43 países, las llamadas islas/Estado, que albergan unos 40 millones de personas, han planteado que no se puede superar 1,5 grados porque corren el riesgo de desparecer en los próximos 20 años.

A poco de comenzar las negociaciones las esperanzas en alcanzar una serie de compromisos, firmado por los 192 países presentes, especialmente EEUU y China los mayores contaminadores, se han desvanecido. Los grandes países del norte se niegan a firmar un documento que cuantifique las metas a alcanzar y no reconocen su deuda histórica con los países del sur. EEUU no quiere comprometerse con una reducción sustancial de sus emisiones, China no acepta que las reducciones que se acuerden resulten obligatorias y controladas por un organismo internacional. Por si algo faltara se discute quien pondrá los fondos para financiar la reconversión de los procesos productivos en los países menos desarrollados

Frente  esta inflexibilidad los países de menor desarrollo han amenazado con abandonar la cumbre. Al momento de redactar este artículo las negociaciones están suspendidas y el resultado final es incierto. Sin embargo se espera que el encuentro de hoy viernes entre el presidente estadounidense y el primer ministro chino deje algún saldo positivo. Aunque como dijo el presidente Hugo Chávez al llegar a la cumbre: “Si el clima fuera un banco ya lo hubieran rescatado”.

Un sistema contaminante

De todas formas no puede esperarse ninguna solución de fondo. El problema radica en el modelo industrial, en el agro negocio, en la sociedad de consumo. En última instancia en el sistema capitalista como tal, en la lógica de la acumulación de capitales y en los criterios productivistas impulsados principalmente por las corporaciones, para mantener y maximizar sus tasas de ganancia. Porque técnicamente las fuentes renovables disponibles permitirían satisfacer las necesidades futuras de la humanidad. Se lograría así una importante disminución del consumo de energía (50% o más en los países desarrollados), esto requeriría una baja significativa de la producción material, con lo que se lograría una reducción estructural de las emisiones, que debiera complementarse con la protección de los bosques existentes, ya que la deforestación es la segunda causa de emisión de gas de efecto invernadero.

Salvar al planeta y a la vida puede sintetizarse, según el especialista Daniel Tanuro, en la siguiente ecuación: “..hay que producir globalmente menos, al tiempo que se atienden las demandas legítimas de tres mil millones de seres humanos que tienen muchas necesidades fundamentales insatisfechas”.

Ecosocialismo

El filósofo Michael Löwy explica que “Cuando el tema es ecología y socialismo, lo primero a considerar es hasta qué punto la razón capitalista está llevando a nuestro pequeño planeta -y a los seres vivos que lo habitan- a una situación catastrófica desde el punto de vista del medio ambiente, de las condiciones de supervivencia de la vida humana y de la vida en general.” El presidente Evo Morales fue más directo: “Si queremos salvar al planeta hay que acabar con el capitalismo”.

La cuestión es que el sistema del capital no puede resolver esta ecuación pues es estructuralmente incapaz de reducir la producción material global al tiempo que produce más para atender las necesidades aún no atendidas. Para Tanuro “Combinar el legítimo derecho al desarrollo humano y la puesta en marcha de un programa de transición mundial planificado, democrático y racional hacia un sistema energético ahorrativo y eficiente, basado exclusivamente en fuentes renovables, independientemente de los costos, sólo es posible si se recurre a medidas anticapitalistas radicales”.

 Es lo que se conoce bajo el nuevo concepto de ecosocialismo. “Expresión concentrada del combate común contra la explotación del trabajo humano y contra la destrucción de los recursos naturales por el capitalismo: el ecosocialismo no procede de una visión idealista y quimérica sobre la “armonía” a establecer entre la humanidad y la naturaleza, sino de la necesidad materialista de gestionar los intercambios de materia entre la sociedad y el medioambiente según la razón ecológica, es decir, del modo más compatible posible con el buen funcionamiento de los ecosistemas”.

Convendría retener estos conceptos, si tomamos conciencia que el futuro de la humanidad está en duda.

Calentamiento global II

Codicia e hipocresía en la Cumbre de Copenhague

La primera década del siglo XXI ha terminado de la peor manera. Pasados quince días aún resuena el cachetazo que los principales líderes del mundo aplicaron a la humanidad con el estruendoso fracaso  de la 15ª Cumbre de la ONU sobre cambio climático.

Podrá decirse que era un final anunciado, que muchas voces se habían alzado para alertar que no se llegaría finalmente a ningún acuerdo significativo. Podrá argumentarse que las expectativas de último momento que algún compromiso se alcanzara con la reunión del presidente Obama y el primer ministro Wen Jiabao no eran más que esperanzas vanas. Probablemente sea así pero es inocultable que nadie, al menos hasta donde este cronista está informado, había presentido que al cierre de esta cumbre la situación sería peor que al inicio. Más aún que hoy el mundo esté por detrás de los acuerdos del Protocolo de Kyoto, firmado en 1997.

Hasta promediar la cumbre numerosas reuniones de científicos, de expertos en distintas especialidades, de miembros de ONG’s debatían sobre los porcentajes necesarios de reducción de emisiones de gas carbono o cuales eran los plazos para mitigar los efectos nocivos de estos gases; cómo debían integrarse los organismos internacionales de control y su necesaria autonomía de los Estados. Se discutía sobre los montos necesarios para promover la reconversión en los sistemas de producción para controlar la emisión de gases carbono, la deforestación creciente o el uso excesivo de recursos hídricos escasos. Si además existe un problema norte-sur, habida cuenta de que son los grandes países del norte quienes más contaminan y los del sur los que sufren las consecuencias y por lo tanto hay que establecer algún tipo de indemnización, claro sin olvidar que Brasil y Sudáfrica también aportan lo suyo al cambio climático. Si los bonos de carbono ayudarían a mitigar las emisiones o serían un nuevo producto financiero, finalmente tan tóxico como los propios gases.

Cumbre de desacuerdos

Sin embargo a medida que los principales líderes del mundo comenzaron a llegar a la Cumbre lo único que se redujo fue el nivel de las discusiones, las negociaciones se estancaron y comenzaron a primar los desacuerdos políticos. Los grandes países del norte mostraban dificultades para firmar un documento que pusiera metas y plazos concretos, esta negativa también llegó a desconocer su deuda histórica con los países del sur.

Numerosos países de menor desarrollo amenazaron con retirarse de la cumbre, otros plantearon que si no  había posibilidades de un nuevo documento mejor sería ratificar los acuerdos de de Kyoto, nunca suscriptos por EEUU pero que al menos eran algo. Por el contrario EEUU insistió en anular este acuerdo, bajo el argumento que China e India ya son tan emisores de gases contaminantes como ellos.

Pero el centro de las diferencias estaba al interior del G-2. EEUU rechaza compromisos que impliquen una reducción sustancial de sus emisiones, China no acepta la obligatoriedad de las reducciones que se acuerden, mucho menos que resulten controladas por un organismo internacional autónomo. Como era de esperar tampoco hubo acuerdo en el monto de los fondos y su financiamiento para la reconversión de los procesos productivos en los países menos desarrollados.

Hipocresía y codicia

Hay en todo esto una enorme hipocresía. Los grandes contaminadores reconocen su responsabilidad pero no aceptan reducciones significativas en sus emisiones o que las metas que se acuerden sean obligatorias Cuando se aceptan metas no se aceptan controles ni verificaciones, por el contrario China, ¿con el apoyo de Brasil? propone la autorregulación de las emisiones por parte de los estados. Los países desarrollados que volcaron una enorme cantidad de dinero a los mercados para frenar la crisis financiera se niegan a aportar cifras mucho menores para financiar la reconversión productiva de los países pobres, estimada en unos 300 mil millones de dólares. A último momento EEUU ofreció un aporte al fondo de reconversión industrial, claro que de solo 30 mil millones hasta el 2012 y 100 mil millones al 2020, supeditado a que se informen y se verificaran las medidas que adoptaran cada Estado, obviamente no desconocía que China rechazaría este condicionamiento, por lo tanto el ofrecimiento resultó solo “cartón pintado”.

Casi en paralelo a esta discusión el Congreso de los EEUU le aprobaba a su presidente y reciente Premio Nobel de la Paz, un presupuesto de guerra del orden de los 680 mil millones de dólares para el 2010. Una caricatura de Obama recibiendo el premio apoyado en una bomba muestra esta hipocresía mejor que mil palabras.

En los inicios de la crisis económica que azota al mundo no se cansaron de acusar y responsabilizar a la especulación desenfrenada, a la desmedida ambición de los banqueros y financistas, a esa loca idea de hacer dinero desde el propio dinero sin pasar por la traumática experiencia de la producción. La palabra de moda era codicia, se intentaba ocultar así la verdadera razón de esta crisis. Una crisis del sistema capitalista como tal, de sobreproducción y sobreaumulación de capitales, que ha dejado ya mayores índices de desocupación, pobreza y exclusión social en el mundo.

Por el contrario codicia ahora ha desaparecido del léxico de los presidentes. No se vincula el cambio climático con la lógica de la acumulación y reproducción de capitales, con la exacerbación del consumo inducido por la necesidad de maximizar la tasa de ganancia de los capitalistas a cualquier costo, sin tener en cuenta daños ecológicos ni degradación ambiental.

Solo los movimientos sociales, en lo que puede ser la revitalización del movimiento alterglobalización, fuertemente reprimidos por la policía danesa con el aporte de colegas de otras naciones europeas, pusieron el tema en debate: “Salven al clima no al sistema” “El problema es el capitalismo y su modelo productivo”, consignas que fueron llevadas al palacio de las deliberaciones por los presidentes Chávez y Morales. Este último propuso un referéndum mundial para tratar el cambio climático.

Minimalismo ambiental

Sobre el final de la cumbre, y casi en tiempo de descuento,  se informó de un acuerdo alcanzado a urtadillas por EEUU, Brasil, China, India y Sudáfrica. Se trataría de un acuerdo mínimo cuyo contenido no fue dado a conocer oficialmente, aunque trascendió que su objetivo es no superar un incremento de 2 grados centígrados en la temperatura global. Ignorando el clamor de un grupo de 43 países, las llamadas islas/Estado, que albergan unos 40 millones de personas, que ya habían planteado que superando 1,5 grados centígrados  corren el riesgo de desaparecer bajo las aguas en los próximos 20 años.

El documento es solo declarativo, no cuantifica ni pone plazos a la reducción de las emisiones ni establece mecanismos de control, no tiene el consenso del resto de los países, tanto es así que los firmantes se han dado un plazo hasta febrero para concitar adhesiones. Sin embargo fue presentado en EEUU como un triunfo, “Es insuficiente pero un paso adelante” dijo Obama que, conviene recordar, no cuenta con el aval del Congreso de su país para modificar la política ambiental del gobierno Bush.

La realidad es que el fracaso ha sido estruendoso, la irresponsabilidad de los principales líderes y países del mundo es inocultable, pero también la actitud de las corporaciones multinacionales que someten a esos estados y a sus líderes a sus necesidades de maximizar tasas de ganancia.

Una vez más ha quedado expuesto que es el sistema del capital la principal traba para resolver los problemas que el propio capital provoca en nuestras sociedades.

A pesar de todo amanece, que no es poco. Felicidades a todos y todas.

* Integrante del colectivo EDI-Economistas de Izquierda/Eduardo Lucita.


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