HOY MÁS QUE NUNCA, CARLOS PRESENTE
No se puede evitar. No lo podemos evitar. Han pasado 2 años desde aquella mañana del 4 de abril, día en que el terror ejercido desde el Estado arremetió en Arroyito, Neuquén. Mañana en que las tizas se mancharon… pero siguen escribiendo.
Día en que las siluetas del horror y la muerte se dibujaron ante nuestros ojos. Humillados, estropeados, cientos de nosotros nos encontrábamos en medio de una huelga reclamando recomposición salarial y distribución de la riqueza, defendiendo la educación pública y denunciando el abandono de las escuelas por parte del gobierno, así como la cristalización de las asimetrías sociales en el Neuquén de la confianza, según el slogan estatal del momento.
Siempre luchando por salario. Siempre de luto. ¡Siempre ninguneados por malandras! ¿Puede un asesino formar parte del poder político estatal? ¿Cuál es el mensaje que está enviando a la sociedad? Evidencias sobran en esta Argentina de la abundancia.
Produce mucha rabia y enojo, así como una inmensa tristeza, recordar, hacer memoria en torno a lo ocurrido allí, tratando e intentando explicar lo inexplicable. Rabia y enojo porque aún creemos que la sociedad neuquina tiene que reflexionar sobre lo ocurrido para terminar de una vez por todas con la ominosa costumbre del Estado de asesinar, de generar exclusión social en amplios sectores de la sociedad que viven hacinados, marginados y olvidados, sin dignidad.
No hemos escuchado todavía las voces del gobernador Sapag y la vice Pechen alentando la investigación judicial ni demasiado preocupados porque se haga justicia. Guardan silencio, ambos brillan por su ausencia. Jueces apadrinados por el poder político que desprecian a la justicia. Ambos la insultan, y sabemos que la injusticia y la impunidad tienen aliados como la desmemoria.
Ante todo, una vez más una pregunta de rigor en momentos de reflexión y dolor: ¿para que sirve la memoria en tiempos de ignominia, alienación y pragmatismo? La memoria es denuncia, es memoria militante que sirve para cambiar esta sociedad. Memoria que ayuda a no olvidar y que exige Juicio y Castigo a los responsables materiales e ideológicos del asesinato de Carlos. Que exige al poder judicial más celeridad en su trabajo. Más juicios y testimonios. ¡Más condena! Por que no aceptaremos otra cosa sino que los culpables sean juzgados y castigados. Mientras tanto, decimos ¡acá estamos! Y seguiremos estando hasta que ello ocurra, también desde las aulas y escuelas construyendo un lenguaje de rebeldía, contestatario en la adquisición de saberes y conocimientos.
Para finalizar, como dice el escritor uruguayo Eduardo Galeano; hay que evitar que las tragedias se repitan como farsas porque “si el pasado no tiene nada que decir al presente, la historia puede quedarse dormida, sin molestar, en el ropero donde el sistema guarda sus viejos disfraces”. Solo falta pedir que siempre que se nos convoque como ocurre este 4 de abril, gritemos bien fuerte… ¡Carlos Fuentealba! ¡Presente! ¡Ahora y siempre!, sin eufemismos posibles.
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