La VII Cumbre de la Alianza Bolivariana para las Américas y de los Tratados de Comercio entre los Pueblos (ALBA-TCP) muestra un crecimiento y fortalecimiento de este instrumento conformado por un grupo de países que busca formas de integración que escapen al control de las corporaciones y al poder económico-militar de la primera potencia mundial. La contrapartida no es otra que una creciente agresividad y hostigamiento de los EEUU.
Frente al vacío dejado por el desbarranque del Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA) dos tendencias intentan cubrirlo. Por un lado EEUU, que carente de un nuevo proyecto global para la región solo atina a recurrir al hostigamiento y la agresividad. Por otro los países que integran el ALBA, que resaltan su constitución como “…una Alianza política, económica y social en defensa de la soberanía, la autodeterminación, la identidad de los pueblos y como un referente de que "Un mundo mejor es posible", que con los TCP y el Banco del Sur avanzan en una integración de carácter no mercantilista.
Antecedentes
Para comprender el vacío existente conviene remontarse a los inicios de la década de los ’90 cuando Washington convocó a la Primera Cumbre de las Américas para “… discutir la unificación de las economías del hemisferio occidental bajo un solo acuerdo de libre comercio”. Ese objetivo es lo que luego se conocería como ALCA y constituía una política de Estado.
Sin embargo luego de 15 años de reuniones, tratativas y de enmiendas sobre enmiendas el proyecto de integración comercial subordinada fue archivado. Contribuyeron a ello la enorme resistencia social y política que recorrió todo el subcontinente, que aglutinó como nunca antes en el movimiento No al ALCA a una multiplicidad de organizaciones y movimientos sociales, y también la acción coordinada de los gobiernos de Brasil, Argentina y Venezuela. No es ocioso recordar que el certificado de defunción fue extendido en la Cumbre de Presidentes en Mar del Plata.
Desde ese entonces los EEUU no han logrado definir una política global para la América latina. Conviene recordar que el ALCA fue el primer proyecto económico-político para la región desde la fracasada Alianza para el Progreso de los primeros años 60. Necesitaron unos 40 años para generar un nuevo proyecto del que solo quedan ahora los Tratados de Libre Comercio (TLC) firmados con un pequeño grupo de países.
Es la actual debilidad relativa de los EEUU la que ha creado un vacío de políticas para el subcontinente y América latina, especialmente el sur, está nuevamente en transición, en busca de un nuevo horizonte político-económico.
A menor influencia mayor hostigamiento
En un reciente artículo el economista belga Eric Toussaint, presidente del Comité por la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo (CADTM) afirma que “…ante la pérdida de influencia en América latina y el Caribe EEUU recurre a un persistente incremento de la agresividad contra los países miembros del ALBA”.
Como muestra de esa pérdida de control en la región señala: las negociaciones por fuera de la OEA y sin representación norteamericana, en el conflicto por la agresión de Colombia a Ecuador. La decisión de la OEA de admitir el reingreso de Cuba en contra de la posición estadounidense. La adhesión de Honduras, bajo la presidencia del hoy depuesto Zelaya, al ALBA y a Petrocaribe. La decisión del gobierno ecuatoriano de poner fin a la concesión de la base de Malta.
Agrega que es desde los inicios de la presente década que Washington busca neutralizar los intentos de diversos países de moverse con una mayor autonomía y definir proyectos propios. Así estimuló al golpe de Estado contra Chávez y dio apoyo financiero para sostener la huelga patronal venezolana. Su embajador en Bolivia se movió activamente para impedir la elección de Evo Morales. La IV Flota ha regresado al patrullaje en la región y se reiteran las operaciones militares conjuntas en el Cono Sur. Apoya a fuerzas separatistas en Bolivia y Ecuador y a los paramilitares de Colombia y Venezuela Una nueva escalada ha dado ahora con el golpe militar en Honduras y la instalación de siete nuevas bases militares en Colombia, su aliado privilegiado en la región andina.
La VII Cumbre: más que una respuesta
La extensa declaración emanada de la VII Cumbre del ALBA-CTP, firmada por presidentes y ministros de nueve países, es una clara respuesta a esta agresividad creciente, pero es una respuesta en el plano político, superadora de lo existente.
Promueve “...los principios de solidaridad, cooperación, complementariedad, respeto mutuo a la soberanía de nuestros países, justicia, equidad, respeto a la diversidad cultural y armonía con la naturaleza”. Discurre sobre algunos de los principales problemas actuales: alimentarios, migratorios, energéticos, climáticos… y sostiene que la crisis financiera no se solucionará en el marco del G8, el G20 u otros grupos excluyentes. Por el contrario “… la solución sólo podrá emanar del G-192, representado por la Asamblea General de las Naciones Unidas, donde todos los países tienen voz y voto en igualdad de condiciones. Para el ALBA-CTP la crisis económica global no se puede resolver con medidas solo de tipo financiero, regulatorio, monetario o comercial. Una crisis estructural requiere de soluciones estructurales”. La declaración denuncia la continuidad del bloqueo a Cuba y la ingerencia imperialista en el golpe de Estado en Honduras.
El calentamiento global y el cambio climático son también abordados cuando señala que están “…provocando el retroceso y pérdida de los glaciares, la afectación a los recursos hídricos que ocasiona la disminución de las fuentes de agua potable, la sequía en diferentes regiones, una mayor frecuencia en los huracanes y en los desastres naturales, la pérdida de biodiversidad y de vidas humanas”.
Entre sus aspectos resolutivos destacan la firma del Tratado Constitutivo del Sistema Unitario de Compensación Regional de Pagos (SUCRE) como instrumento para “… lograr la soberanía monetaria y financiera, la eliminación de la dependencia del dólar estadounidense en el comercio regional, la reducción de asimetrías y la consolidación progresiva de una zona económica de desarrollo compartido”, así como la constitución de Grupos de Trabajo en materia educativa, alimenticia, energética, de materias primas y minerales, en industrias del hierro, el acero y la metalurgia, entre otras. Acuerdan también la coordinación de las intervenciones políticas en las diversas reuniones y foros regionales.
Pero es tal vez un párrafo al inicio de la declaración la que define todo su contenido y orientación: “Por su esencia, el capitalismo y su máxima expresión el imperialismo, están destruyendo la propia existencia de la humanidad y nuestra Madre Tierra. La crisis económica global, la crisis del cambio climático, la crisis alimentaria, y la crisis energética son de carácter estructural y se deben, fundamentalmente, a patrones de producción, distribución y consumo insostenibles, a la concentración y acumulación del capital en pocas manos, al saqueo permanente e indiscriminado de los recursos naturales, a la mercantilización de la vida y a la especulación a todos los niveles para beneficio de unos pocos.
Una respuesta a tono con los desafíos de la época, claramente diferenciada de la mediocridad reinante en los centros de poder mundiales.
* Eduardo Lucita/Integrante del colectivo EDI-Economistas de Izquierda.
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